
La brusca transformación del “Barrio Emerenciano”: del rojo al blanco para tomar distancia del pasado
RESISTENCIA.- Todas las personas que estuvieron en la casa de los Sena el 2 de junio, el último día que una cámara de seguridad registró una imagen de Cecilia Strzyzowski con vida entrando a es...
RESISTENCIA.- Todas las personas que estuvieron en la casa de los Sena el 2 de junio, el último día que una cámara de seguridad registró una imagen de Cecilia Strzyzowski con vida entrando a ese lugar, viven en el barrio Emerenciano.
El centro neurálgico del clan Sena nunca será el mismo. Las cosas cambiaron desde la detención de los fundadores del grupo piquetero, Emerenciano Sena y Marcela Acuña, por el presunto femicidio de Cecilia, su nuera. Todo el barrio está en proceso de mutación. Por elección propia o por pedido de otros, el rojo omnipresente, signo universal de las organizaciones de izquierda, está mutando al blanco.
Son varias las casas que decidieron tachar artesanalmente con pintura blanca la palabra Emerenciano para dejar solamente Movimiento Socialista. Allí todas las construcciones son similares, están identificadas en rojo y llevan esa insignia. “Lo empezamos a hacer porque sino nos iban a atacar a todos, para frenar un poco esto”, cuenta a LA NACION una de las vecinas. También borraron el nombre de Emerenciano de la biblioteca.
En el barrio temen que otras organizaciones sociales intenten tomar las casas vacías. La última obra, 40 casas que debían ser entregadas en los próximos días, se frenó desde la detención del “comandante”, como solían llamar a Emerenciano en el barrio, que estaba encargado de supervisarlas.
La escuela tampoco estuvo exenta, al día siguiente de la detención tuvieron que evacuarla media hora antes de que termine la jornada porque circulaba el rumor de que “una marcha venía a romperla”, relatan. “Son las mujeres que acompañan a Gloria”, se anima a arriesgar una de las vecinas. Según dicen, ya se fueron ocho chicos de la institución.
En este caso, fue el Ministerio de Educación de la provincia, que intervino la institución, el que dio la orden de “transformar todo lo rojo en blanco”, según coinciden algunas docentes. A ellas les pidieron que dejaran de usar las remeras del movimiento para cambiarlas por guardapolvos blancos. En una de las paredes, ya comenzaron a tapar la bandera de Cuba, que estaba al lado de la Argentina.
La directora del secundario es Rita Romero. Su nombre estaba debajo del nombre de Emerenciano en la boleta de precandidatos a legisladores provinciales del Partido Socialistas Unidos, en una de las listas colectora de Jorge Capitanich. Basta con acercarse a la escuela para que cierren la pequeña puerta de reja del cerco que la rodea. Romero contestó a LA NACION que no iba a hablar mientras la interventora que estaba a su lado repetía que la institución ahora estaba a cargo del ministerio.
Romero fue una de las personas que vio a César el 2 de junio. Según su declaración, lo conoció en la escuela porque él también daba clase. El heredero de los Sena salió de la casa al mediodía, luego del horario en que para los fiscales piensan que mataron a Cecilia, para buscar a Romero y a Melanie, una enfermera. Fueron a una actividad de campaña, un operativo de Salud en Colonia Elisa.
Es en ese momento cuando Romero vió que Cesar estaba lastimado en el cuello, él le contestó que se había lastimado practicando MMA (artes marciales). “Yo le cuento por mensajes de Whatsapp a la señora Marcela, porque ella me pidió que hablara con él y le sacara información ya que lo notaba raro. Yo le dije a la señora que eso eran marcas con uñas, ya que yo soy profe de educación física y sé que en ese deporte no te dejan usar las uñas largas”, dijo Romero.
Después regresaron a la tarde y se dirigieron a la casa de los Sena. Al llegar, según el relato de Romero estaba Gustavo Obregón -quien, si lo que declaró es cierto, ya había recibido el mensaje de Acuña informándole que había un cuerpo en la casa- esperando en la vereda. César le pidió que la lleve al barrio e ingresó a la casa, para deshacerse del cuerpo de Cecilia.
Romero volvería a ver a la familia a la noche, cuando todos se reunieron a comer después de otra actividad de campaña, en la que pintaron un mural. De acuerdo a su relato, la joven precandidata intentó comunicarse con César y Obregón para que la llevaran, pero no contestaron el teléfono (según el testimonio de Obregón, ya estaban en Campo Rossi, quemando los restos de Cecilia).
Al lado de la escuela, está el centro de salud, donde también ya tacharon el nombre de Emerenciano. Allí trabaja Melani, la enfermera amiga de César, a quien él le ofreció que trabaje allí como mucama. LA NACION intentó contactarla en su horario de trabajo, pero en el centro de Salud respondieron que no estaba allí. A ella, César le contó otra versión.
“En el camino vi que, en su cuello, en su frente y su pera César tenía tipo rasguño y le pregunté que le había pasado y él me dijo textualmente: “Discutí con Cecilia y esta me tiró con todo lo que tenia delante”, y me dijo también que Cecilia le pedía plata que él no tenía”, declaró Melani de acuerdo al expediente.
También lo vio al día siguiente, cuando César la invitó a salir a comer algo. “Él me contó de sus problemas con Cecilia y que la relación ya no iba más porque ya hubo golpes, a lo que le aconsejé que debía terminar su relación para no pasar a mayores”, relató Melani.
A casi tres cuadras de la escuela y el centro de Salud, en una calle de tierra, está la casa de Carolina Vargas donde, según el relato de Fabiana González -la mano derecha de Acuña- vivía Fernanda, la mujer embarazada a quien Acuña decide el sábado 3 de junio regalarle algunos muebles. Las pericias arrojarían luego que allí había manchas de sangre. Fernanda se mudó, o al menos eso contestó a LA NACION la mujer que salió de la casa que hace unos días allanaron.
Por miedo a las Sena o por enojo con la prensa, la mayoría no quiere hablar. Allí se conocen todos. Basta con ir preguntando a los vecinos, muchos suelen estar en la vereda, para llegar a la casa de alguno.
Alfredo, el hombre que manejó el camión que trasladó los muebles, también vive en el barrio, en una de las últimas calles. Al igual que los demás su casa es de ladrillos pero tenía un auto y un pequeño tractor estacionado en la puerta. Tampoco quiso hablar porque “se dicen muchas cosas que no son verdad”.
En la esquina de la cuadra siguiente vive Rosana, la planchadora con la que Obregón se encontró en la casa de los Sena al llegar luego del aviso de Acuña. Una mujer que había entrado a la vivienda poco antes y no estaba al tanto de que allí habían cometido un crimen. Según contestaron quienes se asomaron a la puerta de su casa, Rosana no estaba.