El Gobierno nacional debate la posibilidad de lanzar billetes de $2.000 y $5.000 ante la alta inflación.
La medida en estudio se debe a la pérdida de valor del billete de máxima denominación de Argentina.
Ante el fenómeno de la alta inflación, que ya es moneda corriente en la Argentina y plantea la necesidad de billetes de alta denominación para que el consumo funcione con cierta normalidad, ahora se trabaja la posible emisión de un billete de 5.000 pesos, que pasaría a ser el de mayor denominación.
Según relevó Infobae, “hay conversaciones” entre funcionarios de los organismos de Gobierno involucrados -Ministerio de Economía, Banco Central y Casa de la Moneda- para impulsar la emisión de un nuevo billete, aunque “no se habló de ninguna denominación en particular”.
Desde las cámaras del sector bancario se reiteraron los reclamos en los últimos meses, debido al elevado costo logístico involucrado en el traslado, carga de cajeros automáticos y la custodia de los billetes, que se incrementa en proporción a la cantidad de unidades.
Sin embargo, trascendió que las entidades chocan con cierta renuencia oficial a un billete de mayor denominación bajo un argumento fiscal: los billetes de baja denominación incentivan el uso de dinero electrónico, dada la molestia de cargar y usar muchos billetes para consumos cotidianos, un hábito cada vez más extendido que contribuye a “blanquear” y regularizar buena parte de la actividad económica que ahora queda registrada y antes se operaba de contado, “en negro” y sin ticket.
En este aspecto, no pasó desapercibida la decisión del ministro de Economía, Sergio Massa, de reemplazar a Rodolfo Gabrielli por Ángel Mario Elettore al frente de la Casa de la Moneda, que es la institución encargada de emitir los billetes argentinos. “No estábamos conformes con su gestión”, señaló a Infobae una fuente del Ministerio de Economía. El malestar de Massa se habría gestado por varios aspectos en la gestión de Gabrielli al frente del organismo. Entre ellos, se habló de una gestión administrativa que dejó un “balance en rojo”.
También de que la Casa de la Moneda venía desarrollando líneas de negocios que estaban alejadas de su objeto central y que, además, nunca terminaron de desarrollarse. De hecho, es público que gran parte de los billetes que el Banco Central puso en la calle este año fueron producidos en el exterior. Asimismo, desde Economía reprocharon “la demora en la puesta en marcha de la producción de billetes”.
En ese contexto, las quejas de los bancos respecto a los costos de movilizar enormes cantidades de papel están encontrando oídos mejor dispuestos en las últimas semanas. Según fuentes del sector, el pedido de las entidades se enfoca en la necesidad de emitir billetes de $5.000 y $10.000. Pero no solo eso: también en la urgencia de sacar de circulación a los billetes de menor denominación. Esto es porque, explican, el problema logístico seguiría vigente aún con nuevos billetes si no se quita del medio a emisiones que ya no valen nada.
Argentina ya tuvo billetes de 5.000 pesos en el pasado. Por desagios y cambios de signo monetario ya hubo una emisión en la década de 1960, luego reapareció en 1977 con la imagen de José de San Martín anciano. Tras una quita de ceros llegó un billete de $5.000 con la imagen de Juan Bautista Alberdi en 1984. Y con el cambio de moneda durante el gobierno de Raúl Alfonsín llegó en 1989 la emisión de 5.000 australes con el retrato de José Juárez Celman.
La senadora nacional de Juntos por el Cambio Beatriz Ávila presentó esta semana un proyecto a través del Ministerio de Economía para que el Banco Central de la República Argentina y de la Casa de la Moneda adopten las medidas necesarias para la emitir nuevos billetes de 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000 pesos. La legisladora fundamentó la presentación de su proyecto en que el año 2022 “registró la mayor inflación en 30 años en la economía argentina”.
Ya en 2022, el diputado nacional Federico Angelini presentó un proyecto de Resolución similar por billetes de 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000 pesos. ”La caída del valor de compra del billete de máxima denominación tiene consecuencias que van más allá de la inflación y representan una erogación muy importante para bancos, instituciones financieras, comercios, empresas y pymes, generando costos de logística, seguridad, tiempo y espacio”, argumentó.
Además, el Angelini manifestó que “un billete de tan poco valor en términos de poder de compra representa un costo mayor para el Estado a la hora de emitir; por eso, esta propuesta permitiría un ahorro de entre 300 y 400 millones de dólares”.
